miércoles, 28 de noviembre de 2018

La Grafa - Claudia Sobico (2015)

No conocí la Grafa. No sabía lo que era. Pero cuando me fui a vivir a San Martín, cuando trabajaba en Villa Pueyrredón, N. me explicó que donde está ahora el Wal-Mart, estaba la Grafa. Hay un mural, financiado por el Wal-Mart, donde antes estaba la fábrica. Se ve a los obreros, juntos y felices. Siempre me impactó eso, que la misma empresa -y la misma, digamos, lógica- que destruyó las fábricas, haga esa suerte de homenaje más falaz que paradójico. Hace unos meses recordaba esa impresión hablando con el amigo E.S. sobre Lanús, sobre cómo la fábrica había devenido Shopping Sur y después, sobre el paso del tiempo y las transformaciones de la geografía y el imaginario. Entonces me dijo: tenés que leer La Grafa. La empecé pensando en todas esas cosas que decía arriba y me desconcertó al principio. La Grafa está a kilómetros de cualquier pretensión documental. Es la novela de una niña, la novela de una poeta. Fragmentos que se van entrelazando (o a veces, ni siquiera demasiado) y van tejiendo una memoria, que es, a la vez, individual y colectiva. No solo porque en la historia -que es, quizás, la de la autora- hay ecos de otras historias, sino porque esas voces se van alternando al punto de que por momentos se solapan. Como pasa con los parientes: perdí la cuenta de las tías y tíos que andan dando vuelta por el relato. Todo viaje parece terminar en la casa de un pariente: la ciudad es una red de familiares. Y de fondo, casi como un ruido sordo, algo mucho más espeso. La dictadura, pero también la pobreza pasada y presente, las pequeñas tragedias familiares. Me es difícil hablar de esta novela, reconstruir una trama, por ejemplo. Creo que sobre todo lo que leí, lo que me gustó, fue una sensibilidad. Difusa, como la memoria del a niñez.

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